martes, 12 de septiembre de 2023

ARATOCA. Cañón del Chicamocha. Hilo de plata en noche de luna llena.

 

Visitar a Aratoca significa tener la oportunidad de maravillarnos con el imponente Cañón del Chicamocha.  Aratoca se sitúa en este portento natural  sobre la cordillera oriental. Tiene un clima templado, 19 °C. Con una altura de 1800 metros sobre el nivel del mar. Sus tierras son atravesadas por el río Chicamocha y la quebrada Cantabara.

Su territorio inicia en el Puente de Pescadero con límites con Piedecuesta y desde ahí se desplaza por el filo de la cordillera oriental, donde se levanta el imponente cañón del Chicamocha. Encontrándose Aratoca a 2 horas de Bucaramanga, capital de Santander, y a 40 minutos de San Gil capital de la provincia guanentina a la que pertenece este municipio. Sus límites son: Por el norte: Los Santos y Piedecuesta. Sur: Curití. Oriente: Cepitá. Occidente: Jordán.

El cañón del Chicamocha.

El cañón del río Chicamocha,  es un espectáculo visual natural, las montañas erosionadas parecen derretirse con agreste calma en el lecho del rio Chicamocha. El río Chicamocha nace en la ciudad de Tunja en el Alto del Moral, vereda Runta, por su recorrido desde Boyacá pasando por Paipa, Duitama y Sogamoso llega a Soata, finalmente Málaga, Bucaramanga y Barrancabermeja, para finalmente depositar sus aguas en el río Magdalena.

Cuando pasa por el cañón del Chicamocha se convierte en parte esencial del espectáculo visual, es tan atractivo que los antiguos Guanes lo llamaban: Hilo de plata en noche de luna llena. 

Fotografía de Brayan Hernández
 

Fotografía de: Brayan Hernández

El cañón como resultado de la erosión de las montañas sobre el lecho fluvial, presenta grandes desfiladeros en ambas orillas del rio. Las montañas son el resultado de movimientos tectónicos formado hace más de 46 millones de años, con más de 108.000 hectáreas. En 2011, la Fundación Siete Maravillas Naturales y la UNESCO lo mencionan entre las Principales MaravillasNaturales del Mundo.





 

Considerado el segundo cañón más grande del mundo, tiene más profundidad que el Cañón del Colorado ya que el Chicamocha posee un promedio de 2 kilómetros de profundidad y 227 kilómetros de longitud.

En esta maravilla natural podemos encontrar una riqueza en flora  y fauna como: la palmera Zamia, cacao indio, y la ceiba barrigona que es una especie endémica de este gran cañón.  Animales como iguanas tinajos, zarigüeyas aves como perdices, pájaros carpinteros, águilas blancas entre otras.

La ceiba Barrigona.

Referencia especial merece esta especie endémica de cañón del Chicamocha, es decir que es una especie exclusiva de esta región, que depende del ecosistema del cañón. Su nombre científico es Cavanillesia chicamochae. Esta ceiba crece en sitios inclinados y suelos rocosos, se encuentra en sitios muy secos del cañón del rio Chicamocha.


 

La ceiba Barrigona es emblema de Santander. Su forma se asemeja a una botella, se considera esta ceiba parte de la cultura santandereana.

Algunos también la consideran el baobab colombiano o baobab barrigón. Fue descubierta por José Luis Fernández Alonso en 2003. Él es un botánico español de nacimiento y colombiano de adopción.

Los biólogos ven con preocupación que dicha especie está menguando y se teme su desaparición, aspecto este que hace indispensable que los santandereanos puedan conocer la importancia de esta especie, para velar por su conservación.

Para quienes deseen conocer científicamente las características de la ceiba Barrigona y los aspectos técnicos de su propagación, lo pueden encontrar AQUÍ.  

En los últimos tiempos dado el interés por el disfrute y aprecio por lugares de asombrosa naturaleza, en el cañón del Chicamocha se encuentra una infraestructura que permite el turismo con diferentes servicios, que va desde hoteles, restaurantes, lugar de atracciones como el teleférico de Panachi y lugares para practicar el parapente.

Así que visitar a Aratoca no solo es entrar en contacto con gente amable y trabajadora, sino ser testigos del maravilloso lugar que habitan, cono lo es el cañón del Chicamocha.









 

lunes, 11 de septiembre de 2023

ARATOCA. Monumento a la Santandereanidad. Panachi.


 “El que pisa tierra santandereana, es santandereano”, esta frase forma parte del imaginario colectivo santandereano desde 1857 cuando se estaba creando el Estado Federal de Santander, por medio de una ley aprobada en el Congreso de la Nueva Granada.

Antes del asedio español a estas tierras, los grupos indígenas que habitaban lo que hoy conocemos como Santander eran los grupos indígenas Laches, Chitareros, Yariguies y los Guanes, como los de mayor desarrollo y quienes con su cultura e historia, hicieron un aporte significativo a la identidad santandereana.

Así que la Santandereanidad es una relación entre hechos históricos y un perfil de gentes amantes del trabajo, amables, de habla recia, conversadores, luchadores empedernidos, de buen corazón, aunque algunos afirman que envidiosos pero eso sí, de gran sentido del humor, rasgos que finalmente se traducen en conceptos como pujanza y coraje, del cual hace referencia el himno de Santander. “Somos nosotros los herederos / de las banderas que del honor, / ayer clavaron los comuneros / sobre esta tierra, bajo este sol / Hijos audaces de altiva breña / a la que amamos con frenesí / Somos la raza que lucha y sueña / en la conquista del porvenir / Por eso bravos santandereanos, / ¡siempre adelante, ni un paso atrás! / ¡Siempre arrogantes! / porque llevamos / en nuestra sangre la libertad!”.

Según explica el historiador y abogado Gerardo Martínez Martínez en un artículo de la Radio Nacional de Colombia escrito por Angélica Blanco  “En Santander, se decretó por primera vez que todo esclavo sería libre al momento de pisar la región. Cuando corría el año de 1853 en la provincia de Vélez se aprobó el voto femenino (casi 100 años antes de que pasara esto a nivel nacional) y, después, vinieron luchas fuertes en las que siempre los santandereanos estuvieron presentes precisamente por su forma de ser”, explica Martínez Martínez.

Así que estableciendo una relación desde la ley del estado Soberano de Santander de 1857 y la forma de ser santandereana, se puede entender la frase “El que pisa tierra santandereana, es santandereano” que ha servido para contar con orgullo su historia, desde los  pobladores Guanes, la Colonia, la gesta de la  Independencia hasta nuestros días.

Monumento a la Santandereanidad.

Por esa razón, en pleno Cañón del Chicamocha, en el territorio de Aratoca se encuentra instalado un imponente monumento que cuenta la historia de La Rebelión de los Comuneros con José Antonio Galán en 1781.




 

Este monumento se encuentra en el parque Panachi, fue realizado por el escultor  Luis Guillermo Vallejo.      

Es un conjunto escultórico pleno de alegorías que expresa el sentimiento santandereano a partir de un hecho histórico que ha marcado generación tras generación a los habitantes de estas tierras.

Recorrer  este monumento que pareciera estar flotando por encima del cañón del Chicamocha, permite percibir el sentimiento de lucha que  viene del pasado,  ya que algunos personajes con sus manos alzadas, con puño cerrado o indicando el horizonte y sus bocas abiertas, pareciera estar exhalando un grito  eterno de rebeldía.

El conjunto es pletórico en detalles, desde los animales emblemáticos como caballos y cabras hasta productos agrícolas como el tabaco. El movimiento de los personajes en su perpetuo caminar pareciera insinuar que el santandereano nunca descansa cuando de sus sueños se trata.  

El visitante mientras camina por entre la escultura simbólica percibe una voz proveniente de un equipo de sonido  que en diferentes idiomas cuenta las hazañas de los comuneros y el sentido simbólico de cada personaje.




 

Para apreciar un poco más esta emblemática obra, es bueno saber algo de la Revolución de los Comuneros: Según  el profesor del Departamento de Historia de la Pontificia Universidad Javeriana Rigoberto Rueda Santos, en la página de la Biblioteca Nacional de Colombia refiriéndose a la rebelión comunera escribe: “El 16 de marzo de 1781, la rebelión estalló en El Socorro cuando varios miles de personas irrumpieron en la población. La multitud protestaba contra el impuesto de la armada de Barlovento y se negó a pagar los nuevos impuestos, atacó las bodegas del gobierno y expulsó a las autoridades españolas, luego de lo cual procedieron a elegir sus propios dirigentes.

 

La dirección inicial del movimiento es predominantemente criolla pero gozó de respaldo popular. Los representantes del notablado local y algunos mestizos y blancos pobres sellan su alianza inicial el 18 de abril de 1781 con la promulgación de la “Cédula del Pueblo”. El documento, que expresaba los objetivos de la rebelión y estaba redactado en verso, fue al parecer escrito por un fraile dominico y el criollo Jorge Lozano de Peralta, y luego llevado a Simacota, donde fueron distribuidas varias copias y leídas en los tumultos.

En esa ocasión, en la plaza principal del Socorro se proclamaron como jefes del común a Juan Francisco Berbeo, designado comandante general, y como capitanes generales a Antonio Monsalve, Francisco Rosillo y José Antonio Estévez, a los que se agregan después Ramón Ramírez y Joaquín Fernández Álvarez. En su calidad de máximo organismo de la revuelta, este grupo de hombres recibió el calificativo de Supremo Consejo de Guerra”.






 

Más adelante después de las negociaciones de Zipaquirá que produjo grandes conflictos al interior de los comuneros el profesor Rigoberto Rueda escribe:  “La inconformidad con los términos del acuerdo suscrito en Zipaquirá, sumado a que a finales de agosto y comienzos de septiembre de 1781 se supo que las capitulaciones habían sido anuladas, renovaron la agitación en la provincia del Socorro. Así pues, un motivo principal de la segunda oleada insurreccional será la traición de Berbeo. Entre el 20 de junio y el 11 de septiembre tuvieron lugar 18 tumultos en varias poblaciones de la provincia. De nuevo se presentaron ataques contra los símbolos y las rentas reales, se acusó de traición a los capitanes del común y circuló el rumor de que Berbeo había recibido dinero por traicionar el movimiento.

En estos tumultos se destaca el liderazgo de Isidro Molina y Juan Dionisio Plata. El11 de septiembre se reunieron en la plaza del Socorro bajo la idea de marchar nuevamente hacia Santafé, la movilización alcanzó los 2.000 comuneros. La situación provocó la huida de las élites socorranas, así como algunos comerciantes, pero el arzobispo disuadió la iniciativa pidiendo un mes de plazo con el fin de interceder para lograr que se cumplieran las capitulaciones. En comunicación hecha a los capitanes del Socorro –nombrados luego del perdón decretado por el virrey y el indulto del rey–, las autoridades del virreinato piden a los capitanes, para prevenir nuevos levantamientos, que indiquen a las gentes qué pueden hacer sus representaciones por medio del cabildo o de sus capitanes; así mismo, los hace responsables de los daños que se llegasen a ocasionar”.

Conocer mas de los comuneros AQUÍ.

miércoles, 6 de septiembre de 2023

Aratoca. La ciudad de las colinas.


 

Más allá de lo alto del río, decían los Guanes para referirse al hermoso pueblo que hoy conocemos como Aratoca.

Aratoca pertenece a la provincia Guanentina, conformada por los municipios de San Gil, Aratoca, Barichara, Curití, Valle de San José, Encino, Coromoro, Cabrera, Páramo Villanueva, Jordán, Pinchote, Charalá, Mogotes, San Joaquín, Onzaga, Ocamonte y Cepitá.

La ubicación de Aratoca es estratégica, ya que se encuentra sobre la troncal Bucaramanga – Bogotá. Con un tiempo aproximado de 1 hora de Bucaramanga, capital de Santander y a 45 minutos de San Gil, con una distancia de 370 km de Bogotá. Altitud: 1.800 msnm.

Aratoca limita por el norte con  Los Santos y Piedecuesta, por el sur con Curití, por el oriente con Cepitá y por el occidente con Jordán.

Aratoca con su ubicación  en la cordillera oriental, tiene una temperatura de 20 °C. Aratoca inicia en el puente de Pescadero, allí finaliza su frontera con el municipio de Piedecuesta, cubre el imponente cañón del Chicamocha aquí se  ubican varias de sus veredas y el famoso paradero turístico conocido como Chiflas. Desde allí solo queda alcanzar al ramal de Aratoca donde con un recorrido de 5 minutos, podemos llegar a su  casco urbano.

Aratoca es llamada “La ciudad de las colinas”  y es fácil entender por qué, ya que se encuentra rodeada de pequeñas colinas que cubren el pueblo con abundante vegetación, prodigándola de árboles que hacen sentir al visitante en un espacio agradable, como habitando un jardín.  

Visitar a Aratoca no es solo encontrar un paisaje santandereano puerta de entrada al gran cañón del Chicamocha,  sino tener la oportunidad de interactuar con gente maravillosa. Sus habitantes son amables, alegres y cordiales. Su mayor característica es el emprendimiento, porque su convicción es el trabajo.

Aratoca es un pueblo tejedor de la fibra de fique, especialmente el producto conocido como “sacos” utilizado para empacar diferentes productos agrícolas en varios municipios, no solo de Santander sino de Boyacá. En Aratoca el 80% de las familias elaboran dichos empaques como una tradición artesanal.

Con el transcurrir del tiempo ha disminuido la producción de saco de fique, porque paulatinamente este empaque ha sido remplazado por la fibra sintética y pocos productos son empacados en costales de fique. Así que sus artesanos se están diversificando buscando otras formas de utilizar esta fibra natural.

Aratoca y su pasado colonial.

Según la página oficial de la administración municipal,  “Aratoca fue fundado el 5 de agosto de 1750 por don Domingo de Rosas, don Francisco Espinosa, don Antonio Salgado y don Antonio Flórez. El acta de autorización para la fundación fue firmada por el virrey José Alfonso Pizarro, luego de haber cumplido los requisitos legales exigidos por la ley virreinal para la fundación de nuevas ciudades. Los fundadores se encargaron de trazar las calles con cordel y de levantar los planos de la iglesia y el cabildo municipal. El nombre con el que quedó registrado el pueblo en los archivos del virreinato fue Villa de Nuestra Señora de las Nieves y Santiago el Mayor de Aratoca”.

Como recuerdo de esa época colonial podemos observar hoy la Iglesia Nuestra Señora de las Nieves  que enmarca el parque principal del municipio.



Es una construcción en piedra realmente imponente, muchos la consideran una joya del arte colonial en Santander.  

Esta construcción junto con la Capilla Jesús Nazareno considerada como el primer templo del municipio, es evidencia de un pasado colonial que impactó estas tierras guanes. 

 Capilla Jesús Nazareno

Según la investigación “Configuración de paisajes coloniales en el territorio Guane, Santander (Colombia) Ardila Luna” nos comenta que: “Los Guane fueron el grupo social más representativo del actual Departamento de Santander que los españoles encontraron al momento de la conquista en 1540. Los guanes hacían parte de "los paganos organizados", es decir, de sociedades complejas o cacicales cuya religión adoraba al sol (Amodio, 1993). Este grupo, hoy desaparecido, habitó gran parte de la región andina santandereana y el número de indígenas disminuyó rápidamente debido al impacto mismo de la colonización y a los procesos de mestizaje. Fueron esencialmente agricultores, ocuparon diferentes pisos térmicos para la complementariedad de productos y el eje de sus asentamientos lo marcaban las fuentes de agua y la calidad de los suelos (Arenas, 2004). El territorio guane fue colonizado en su totalidad, aún ante la escasez de oro y otros metales preciosos. Los españoles fueron ocupando poco a poco el territorio e iniciaron el proceso de transformación del paisaje a partir de la fundación de pueblos, apertura de caminos, creación de hatos y estancias, introducción de plantas y animales del viejo mundo, la religión católica, el sistema legal y racial propio de lo colonizadores1”.

“La repartición de encomiendas fue una de las primeras medidas tomadas por la Corona para la obtención de recursos de la tierra en las nuevas colonias, también para evitar el pillaje o la sobreexplotación indígena frente a una demanda de recursos por parte de los recién llegados (Colmenares, 1987), y así mismo de consolidar su dominio sobre los indígenas de todo el territorio americano. Para el territorio guane fue el conquistador Martín Galeano, en 1540, quien repartió las encomiendas entre sus hombres antes de regresar a Vélez con la satisfacción de haber conquistado y pacificado los pueblos Guane (Simón, 1982). Posteriormente, entre 1540 y 1560 los indígenas fueron visitados por un funcionario de la Corona para ser tasados y censados, en el archivo documental del AGN no existe evidencia de esta visita, pero es referenciada por la visita de 1560 que verifica si los indios están pagando la tasa estipulada previamente, por lo menos en algunos pueblos (AGN.VS. 2, 5-12)”2.

Simultáneamente se inició el proceso de urbanización con la creación de los pueblos de indios y asimismo la institucionalización de las dos Repúblicas: la República de Españoles y la República de Indios, de esta manera se mantenía la separación de los dos grupos humanos para garantizar el bienestar del imperio y el de sus súbditos. Esto responde a lo propuesto por Pachón, ya que para los españoles colonizar significaba poblar, es decir, urbanizar. Viviendo juntos y agregados, como mencionan las visitas a la tierra, se construía "el marco adecuado para lograr la deseada 'humanización' y el acceso a la nueva religión no podía ser otro que su agrupamiento en pueblos" (Pachón, 2002, sp).

Este proceso de repartición de encomiendas y de creación de pueblos en el marco de las dos Repúblicas es evidencia del cambio de una territorialidad Guane a una colonial. Los españoles transformaron el territorio guane a partir de la construcción de nuevas territorialidades expresadas en provincias, ciudades y pueblos, construyendo las líneas imaginarias de las que habla Mbembe (2005). Esto nos permite entender que el territorio se construye a partir de la territorialidad y que esta "implica la afectación y la incidencia que marca, delimita y ejerce control de un espacio, transformándolo en territorio (Echevarría, 2000, 25)3. El componente militar de la Conquista puede ser un elemento fundamental para comprender dicha aceptación, pues los españoles vencieron a los poderosos caciques guanes y ganaron un espacio entre los indígenas, ya fuera bajo el reconocimiento real de su supremacía -justificado mitológicamente o bajo los términos del miedo o el establecimiento de alianzas. Galeano estableció una alianza con el cacique Chanchón a quien le dijo que "vivirían seguros en sus tierras, sin que nadie les ofendiese, pues ellos en pago de su amistad y tributos que pagasen al Rey y a su encomendero en su nombre, se obligaban a defenderlos de quienes los quisiesen ofender" (Simón, 1982, T IV: 30) (Cursiva mía). En un segundo momento, los españoles establecieron unas relaciones de protección, cuidado físico y espiritual, dando a los indígenas el vestido, comida y herramientas (AGN. VS. 2,5), situación que afianzó la relación entre dominadores y dominados, sin que esto implique que no existieran procesos de resistencia”.

Estas citas tomadas del trabajo de Ardila Luna nos pueden dar una idea general del impacto sobre los habitantes Guanes originarios de estas tierras y el proceso colonizador cuyas huellas podemos observar hoy especialmente en la arquitectura de algunos pueblos de Santander. 

Símbolos de Aratoca.  

Bandera de Aratoca.
Escudo de Aratoca.

1, 2, 3. Configuración de paisajes coloniales en el territorio Guane, Santander (Colombia) Ardila Luna, D. (2010). Configuración de paisajes coloniales en el territorio Guane, Santander (Colombia).