viernes, 9 de noviembre de 2018

Páramo, Santander el pueblo del abrazo fraterno



El Páramo, Santander es una tierra que encanta, si bien su ubicación geográfica es privilegiada como casi todos los pueblos de la provincia guanentina en esta tierra tranquila se destaca la calidad de sus gentes, su amabilidad y trasparencia en sus acciones hace posible que el trabajo, rasgo común en los pueblos santandereanos, aquí se conviertan en logros individuales y colectivos que asombran a sus visitantes, ya que los paramunos son emprendedores y por su gran imaginación son capaces de desarrollar empresas exitosas a partir de materiales y productos que son propios de su pueblo, miran más allá de cosas obvias, es un pueblo que tiene poesía en su espíritu. El secreto es que le han dado verdadera importancia a su propia  cultura. Las gentes del Páramo valoran la cultura más allá de una simple expresión. Ven en la cultura una forma de desarrollo no solo económico sino espiritual. 

Es tan evidente esta mirada sobre su entorno que hasta la actual administración municipal en cabeza del señor alcalde José Ángel Rodríguez Plata lo valora y entiende así. Los paramunos saben que la cultura es un complejo sistema de creación que incluye el conocimiento, el arte, las creencias, la ley, la moral, las costumbres y todos los hábitos y habilidades adquiridos por el hombre no sólo en la familia, sino también al ser parte de una sociedad como miembro que es. Pero no se quedan en una definición teórica sino que identifican sus valores, creencias, conocimientos y habilidades como su propia esencia su forma de existir y su forma de ser santandereanos. Valoran la historia y los conocimientos colectivos como patrimonio individual. Esto lo hacen visible no solo en aspectos festivos o tradiciones sino como formas económicas. Son capaces de equilibrar la economía con su espíritu de esfuerzo, superación pero también de sensibilidad por la naturaleza, el buen trato con los propios y visitantes. 

Señor alcalde municipal de El Páramo, Santander José Ángel Rodríguez Plata .

Así que este pueblo reconoce que su cultura como los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas —junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes—son su  patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana. Los anteriores aspectos se pueden confirmar visitando el Páramo e interactuando con todas sus gentes, los campesinos y personas que viven en su casco urbano.


Así que hablaremos del Páramo a partir de algunas experiencias exitosas de emprendimiento económico pero todas arraigadas en su cultura que revelan a un pueblo realmente maravilloso y creativo que descubrió que la cultura no es solo adornos o simple entretenimiento, sino que sus valores culturales propios, son una fuente de construcción colectiva de paz, respeto y realización en lo económico y espiritual. Conoceremos artesanos de gran calidad en sus productos así como empresarios de productos como el café y la panela, ganadería etc. Es solo una pequeña muestra que nos deja ver el valor cultural de este pueblo a solo 36 min (19,5 km) por Vía San Gil – Charalá.

Conoceremos primero algunos hechos históricos preparados por la profesora Ana Isabel Urrea Zafra Investigadora de temas históricos y que gentilmente ha cedido para esta publicación.

Hechos históricos del Páramo, Santander
Para el año1730 ya se registra el sitio del Páramo como sede de haciendas y estancias, así quedó ejemplificada en la operación de compra-venta de unas estancias realizada entre el capitán Miguel Sáenz de Orduña y don Antonio Nicolás de Mujica y Corredor.




Cronología de los Hechos
Mediados del siglo XVIII: El crecimiento del campesinado permitió por esta época la edificación de una capilla, atendida por frailes o tenientes del párroco del Socorro en su condición de Viceparroquia de Nuestra Señora de Chiquinquirá del Páramo.

1766, Agosto7: Los propietarios más prestantes del sitio del Páramo se comprometieron ante don Ignacio Fernández Saavedra, alcalde Ordinario de la Villa de San Gil, a pagar anualmente la congrua del párroco y sostener las tres cofradías canónicas, requisitos exigidos para alcanzar el título de parroquia. Por la escritura hipotecaria de esta obligación constatamos que los otorgantes eran cultivadores de caña de azúcar y trapicheros a orillas del rio Pienta y de la quebrada de las Cuevas, o en los sitios de Pedregal y el Espinal.

1766, Agosto 8: El feligresado se propuso erigirse en Parroquia separada del Socorro y para tal efecto dieron poder a Hipólito Martínez para la realización de las diligencias necesarias; proponían para administrar la parte espiritual al cura doctor Fernando Fernández de Saavedra.

1766 Octubre 17: En esta fecha se le concedió el título de Parroquia de Nuestra Señora de Chiquinquirá del Páramo. De inmediato el párroco Fernández de Saavedra organizó la cofradía de esta advocación y de Nuestra Señora del Campo, así como la edificación de la iglesia de mampostería de piedra y ladrillo.

1767: La cofradía de Nuestra Señora de Chiquinquirá recaudó en este año la suma de 586 pesos de limosnas de sus devotos, representados en lienzo gordo e hilo de la tierra.
1775: Don Andrés Monsalve, ejerce el cargo de alcalde partidario de la Parroquia del Páramo, nombrado en Cabildo de la Villa de San Gil, con tanta dedicación que su gobierno fue ejemplar.

1777, Julio 4: Un numeroso grupo de feligreses asentados en los sitios de los Verdes del Buen Retiro y Calapo, dieron poder para iniciar las diligencias de su segregación del Páramo, la disputa se basó en que ellos deseaban como asiento de la sede parroquial tener en cuenta el curso del camino real “para el trato” (comercial).

1777, Julio 13: Los vecinos del Páramo enviaron comunicación al Virrey, donde sostenían que las pretensiones de los feligreses de los sitios de Los verdes del Buen Retiro y Calapo eran auspiciados por el cura del Socorro, Francisco de Vargas, quien había prometido cederles doscientos vecinos de su curato para consolidar la nueva erección.




Agregaron que durante la visita Eclesiástica realizada por don Pedro Salgar, ya los del Verde le habían solicitado la erección de una nueva parroquia, pero éste se negó en razón a la distancia que existía entre los dos sitios.
1779: En este año fue concluida la edificación del hermoso templo. El retablo de Nuestra Señora de Chiquinquirá que hasta hoy en orgullo de su templo proviene de esta época.

1788: El nuevo párroco Juan Antonio Riaño, se dio a la tarea de fortalecer la congregación de vecinos alrededor de la plaza parroquial  del Páramo, para ello vendió siete cuadras de propiedad de la iglesia para adquirir solares en la traza urbana que puso a disposición del feligresado dispuesto a poblarse, con ello aseguró  una 

Parroquia unida y en crecimiento.
(Después de los trámites de separación realizados por los vecinos de Los Verdes del Buen Retiro y Calapo, les quedó como recuerdo una capilla de palos y paja.
1823: Páramo se constituyó en Distrito Parroquial y pasó a integrar el Cantón del Socorro.

1853: La Asamblea Provincial del Socorro, suprimió el Distrito Parroquial del Páramo y en si todo el régimen cantonal.
1870: El censo mostró que su población era de 3.464 habitantes por lo que se le consideró bajo la categoría de aldea.
1887: A partir del régimen político-territorial que decretó en 1887 el gobernador Peña Solano, Páramo adquirió su categoría actual de Municipio.
Hasta aquí el recuento histórico de la profesora Ana Isabel Urrea Zafra. 
Conoceremos a continuación otros datos de importancia tomados de la página oficial de la alcaldía de El Páramo, Santander.

Límites del municipio
El Municipio de Páramo limita por el norte con los Municipios de San Gil y Pinchote, por el oriente con los municipios del Valle de San José y Ocamonte; por el sur con el municipio de Charalá y por el occidente con los municipios de Socorro y Confines. Extensión total: 73.2 km² Extensión área urbana: 1.1 km² Extensión área rural: 72.1 km² Altitud de la cabecera municipal (metros sobre el nivel del mar): 1.200 msnm Temperatura media: se observa una variación de la temperatura media de 19 °C a lo largo de la parte alta municipal a 22 °C en la parte baja a lo largo del río Fonce. Distancia de referencia: 117 kilómetros de Bucaramanga capital Santandereana y 20 kilómetros de San Gil trayectos viales totalmente pavimentados.

Ecología
La mayor parte del territorio del Municipio de Páramo tiene uso agropecuario. Las aves representan la mayor riqueza de la fauna silvestre; su abundancia está relacionada con las veces que se observan en un período, esta relación es alta ya que se observa diariamente; entre las especies más frecuentes tenemos: chulo, tortolita, guañuz, colibrí, mirla, copetón, pechirrojo y milleros; la perdiz y el carpintero son observados de dos a tres veces por semana. Los animales más comunes en la zona rural del municipio son: El tinajo (paca), picur, fara, armadillo, ardilla, zorro gris, conejo silvestre, serpientes y culebras como la falsa coral, la cazadora y la rabo de ají.






Economía
Los principales renglones económicos del municipio lo conforman en los sectores primarios Agrícolas, pecuarios, forestales, conservación y/o protección y minería. - Sector Secundario: Industria y Agroindustria - Sector Terciario: Comercio y servicios.
En el Municipio de Páramo los cultivos de mayor producción son el Café (841 ha), La Caña de Azúcar (661 ha), La Yuca (63 ha), El Tomate (54 ha), Los Cítricos (35 ha), El Plátano (34 ha) y El Maíz (25 ha).
Son propias del Páramo en la producción pecuaria las razas criollo, cebú y pardo principalmente.

Santuario de nuestra Señora de la Salud
El Páramo es muy famoso por el Santuario de nuestra Señora de la Salud. Es un sitio de tradición religiosa y de peregrinación. Acuden allí gentes de la región y del país. Se encuentra en estos momentos en perfectas condiciones para recibir a los peregrinos. Es un espacio tranquilo y bello que transmite recogimiento y tranquilidad espiritual.




Recoge aspectos turísticos de El Páramo y esto nos cuenta sobre el origen del santuario de nuestra Señora de la Salud. 

“Una historia transmitida por tradición oral entre los habitantes del municipio de Paramo y quizás más antigua que la parroquia, es la aparicion de la Virgen de la Salud a una nina llamada Maria. “Yo soy la Virgen de la Salud” clamaba fervorosamente la Virgen y traigo a ustedes la cura de todas las enfermedades del cuerpo y el alma.
En la quebrada Tolosa llamada anteriormente asi, y hoy quebrada La Laja, lugar que antiguamente utilizaban los habitante para lavar la ropa, se construyó el santuario de nuestra señora de la salud hoy conocido como “La Ermita” o “Fuente de la Virgen de la Salud”, lugar al que asisten los feligreses para que la Virgen sane sus enfermedades.
La Virgen de la Salud, patrona del municipio de Paramo, hoy es causa de veneración y peregrinación por parte de muchos feligreses en el país.  En este recinto sagrado se pide por la sanación de enfermedades personales o de seres queridos, ritual iniciado con el encendido de una veladora frente a la imagen de la Virgen de la Salud y finalizado con la toma de agua que brota del aljibe de la quebrada La Laja.”

La alcaldía del Páramo recoge también otros sitios de interés para visitar.

Cascada Juan Curí
La cascada Juan Curí, como se conoce, invita al turista a ser parte interactiva de 3 caídas que superan 200 metros de altura y que forma al caer un pozo de 5 metros de profundidad, conocido como pozo de Ensueño sobre la quebrada la chorrera. Se realiza torrentismo disfrutando de una hermosa vista que se tiene desde unos 70 metros de altura, se realiza un descenso en cuerda sobre roca y vacío, bajo refrescantes.



Pozo Paila
Es un pozo formado sobre la quebrada la chorrera, ubicado en la vereda Juan Curí, su profundidad mayor es de 3 metros aproximadamente, el lugar es visitado por habitantes del municipio para compartir con la familia en donde se preparan diferentes platos típicos de la región.
Parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá
Es considerado como una de las construcciones arquitectónicas más importantes del municipio y también uno de los sitios más visitados por los turistas. Su edificación data del siglo XVIII y está elaborado en rústicos bloques de roca; en su interior se pueden apreciar hermosos confesionarios tallados en madera, decorados en yeso, imágenes de santos, la pila bautismal, hermosos ventanales y el imponente altar en madera.

Cueva del Indio
Practicando una exploración bajo tierra por la conocida cueva del Indio, se puede disfrutar de los encantos escondidos tras sus paredes de roca y los ríos que brotan de sus entrañas. Con un recorrido de 2 horas aproximadamente, acompañado de un guía especializado en la actividad, se reciben charlas técnicas sobre murciélagos, formaciones rocosas, entre otras, convirtiéndose en un recorrido activo y dinámico dentro esta caverna.




Artesanos y artesanas del Páramo un ejemplo a seguir.

El Páramo como hemos visto es digno de visitar por sus atractivos turísticos, pero el contacto con artesanas y artesanos y su creaciones es una experiencia inmejorable para entender nuestros valores culturales.

Restaurante museo La Rancha, sabor auténticamente santandereano

Santander es famoso por sus comidas típicas y el Páramo es el lugar santandereano ideal para disfrutar todos los platos que hacen famoso a Santander. Es el caso del restaurante museo La Rancha. Su propietaria Teresa Suárez Ávila es una experta cocinando los platos tradicionales  que aman los santandereanos. Visitar su restaurante es una experiencia única no solo por su comida sino el espacio del restaurante. Es una casa creada especialmente para agradar todos los sentidos del visitante. La entrada está cubierta en su totalidad por una enredadera densa que desde ya anuncia que se trata de un lugar especial, es como si la naturaleza en su belleza, fuera la encargada de dar la bienvenida. Una vez dentro del restaurante, encontramos el verdadero espíritu santandereano. 

La música que aquí se escucha a un nivel de sonido adecuado, es nada menos que la música andina colombiana. Todos los sonidos del ser colombiano están allí, emitidos por discos antiguos de vinil, en equipos de audio igualmente antiguos. Todo el lugar es un museo, donde encontramos objetos de toda clase, desde muebles antiguos hasta radios, planchas que siempre traerán recuerdos de infancia y juventud a quienes con atención lo aprecien. Es un inventario de la memoria que nos permiten no solo recordar, sino entender con ojos del presente, aspectos de nuestras vidas que por algún motivo ya habíamos olvidado. 

El lugar está pensado para que el visitante se reencuentre con la cultura colombiana desde las coplas, los dichos, las leyendas, los objetos y por supuesto su comida. Teresa es en sí un valor cultural porque preserva no solo lo que consideramos cultura colombiana y santandereana sino que ella, por su trato, alegría y don de gentes,  hace que el visitante se reconcilie y valore nuestras formas de ser y pensar. Teresa por su auténtica y sincera forma de hablar, nos permite entender como son los santandereanos en su más profunda tradición. Podemos verificar que el santandereano es trabajador, entregado con pasión a las cosas que hace, sincero y transparente en el trato, con un gran sentido del humor, creativo, alegre  de imaginación desbordante y que se toma muy en serio el valor de la amistad. Así que La Rancha no es solo un restaurante, sino un valor cultural del Páramo.









El capote de maíz se convierte en ensueño espiritual

Ana Virginia Ruiz Rivera es una artesana de gran visión. Con arraigo en su tierra y en la búsqueda de una imagen artesanal autentica y que representara al Páramo, se dio en la tarea desde hace 20 años a mirar el entorno de su pueblo con ojos sensibles y descubrió que el capote de maíz era un material excelente para realizar artesanías. Su capacidad de investigación y de creación, la llevó a concluir después de muchos ensayos y error concluyó que dicho material poseía la nobleza para ser convertido en flores, vírgenes y figuras de diferentes clases.

Resalta en su trabajo la calidad con la que elabora sus motivos, que va desde el comportamiento del material, la pigmentación natural que utiliza para darle variados y llamativos colores hasta la proporcionalidad y delicadeza de sus imágenes. Ana Virginia es además de su sensibilidad artística una mujer sensible a realidades sociales, quienes trabajan en su taller, son solo mujeres que tienen en común que son madres cabeza de familia. Gozan de un horario que les permite atender a sus pequeños hijos y allí en ese espacio de trabajo se respira alegría, buen humor y una entrega total a lo que hacen. “Si el producto que hacemos aquí no se hace con cariño y alegría ese producto no está bien hecho, y eso se nota cuando uno lo ve” Nos dice con seguridad Ana Virginia mientras atiende a los últimos detalles sobre una exposición que tendrá próximamente en Bogotá en Expoartesanias. “Entrar en esta exposición es muy difícil porque exigen calidad y a mí me aceptaron este año,  con una hermosas lámparas, todas hechas en capote de maíz”.

Para sus creaciones Ana Virginia tiene en cuenta su contexto cultural, es muy hábil para leer los gustos de la gente, pero a su vez sabe que lo que hace debe ser auténtico. Le interesa la calidad, pero a su vez la expresión artística y la relación de sus productos, con la tradición cultural de su pueblo. Su empresa es muy organizada, desde la consecución del material y sus cuidados, luego el diseño, elaboración y posteriormente, el embalaje de sus productos para venderlos a nivel nacional e inclusive internacional.













Café del Páramo con sellos de calidad internacionales

Don Aristóbulo Meneses en la granja Villa Laura produce cafés de calidad internacional. Villa Laura es una granja temática que  los turistas pueden visitar y conocer el proceso del café de alta calidad y aroma insuperable. La granja cuenta con  alojamiento rural. Aquí el visitante es ilustrado sobre las practicas cultivo y procesamiento de diferentes clases de cafés, es una experiencia recomendable, pues sabemos que el café desde hace mucho tiempo forma parte de nuestra cultura colombiana. Un pequeño repaso sobre la historia así lo confirma. Aunque no tenemos certeza sobre las condiciones en que llegó el café a Colombia sabemos que los jesuitas trajeron semillas del grano a la Nueva Granada hacia 1730, y lo sabemos por testimonio escrito que el  arzobispo-virrey Caballero y Góngora (1787) quien en un informe a las autoridades españolas registró su cultivo en regiones cercanas a Girón (Santander) y a  Muzo (Boyacá).

Sabemos también que los primeros cultivos de café crecieron en la zona oriental del país. En 1835 tuvo lugar la primera producción comercial, los primeros 2.560 sacos se exportaron desde la aduana de Cúcuta. Es conocida la historia del sacerdote Francisco Romero, que imponía durante la confesión a los feligreses de la población de Salazar de las Palmas la penitencia de sembrar café. Esto sin duda fue un gran impulso en la propagación del cultivo especialmente en Santander y Norte de Santander, luego se extendería en  1850 hacia el centro del país a través de Cundinamarca, Antioquia y la zona del antiguo Caldas.

Por ello encontrar una granja especializada en cultivar y procesar cafés de alta calidad constituye una experiencia cultural necesaria. Allí en Villa Laura no solo se puede conocer la rigurosa forma de cultivo y procesamiento sino que también se tiene la oportunidad de la degustación. Don Aristóbulo nos explica que el café allí producido tiene una certificación con tres sellos internacionales de calidad del café  y que este proceso por su riguroso proceso artesanal que implica etapas de solo recoger grano maduro como selección, la fermentación, luego el secado en diferentes formas, hasta los procesos de preparación de un verdadero buen café, envuelve un gran esfuerzo que vale la pena, ya que esto es un aporte del Páramo  al desarrollo de la región.


    


Arte en piel de naranja  

Todo el que llega al Páramo y le gusta esta tierra, no solo se queda vivir, sino que el  entorno cultural que encuentra, le inspira y siente la necesidad de aportarle al desarrollo cultural y económico del pueblo. Un ejemplo de ello es el hermoso trabajo de la diseñadora Martha Leyda Rivera. Su trabajo realizado con  cáscaras  o piel de naranjas se encuentra entre los límites de la artesanía de calidad y el arte. Esta visión es conocida en el mundo como objetos de artista con utilidad práctica. Este enfoque, tiene su punto de partida en el movimiento alemán de la Bauhaus, que en los comienzos del siglo XX integró el arte al diseño industrial y cuya filosofía se basaba en integrar todas las artes con la tecnología. Las obras de Martha Leyda son algo más que decoración o utilidad práctica, son en esencia poesía. Trasciende la materialidad útil para evocar desde los materiales y el diseño de piezas, que por su línea y composición, son objetos reconocibles, a un nivel de sensaciones de textura y color que tienen que ver con el espíritu de la nacionalidad colombiana, del Páramo y Santander. Es una integralidad visual. 

Sus obras son un camino que implica espiritualidad para la artista y un disfrute estético para el observador. Aquí, en las obras de Martha, se encuentra la serena amabilidad del campesino, la nobleza de las gentes del Páramo y el acercamiento del arte a la vida cotidiana. es una exaltación de lo mejor de nuestras gentes. Disfrutar de estas obras es reencontrarnos, con lo más sencillo y a la vez con lo más grande de nuestro ser. Sus obras tienen la magia de reconciliarnos con el mudo. Martha Leyda ha  ganado tres premios de innovación y sus creaciones se proyectan con fuerza en los mercados nacionales e internacionales. 






  

Un noble campesino que convierte la mora en vino    

Paulino Santos es un campesino noble y trabajador de la vereda Palmarito del Páramo. Su trabajo es especializado, cultiva mora con gran conocimiento y surte a su pueblo de este fruto. Pero Paulino no solo es un gran trabajador, es también un emprendedor. Parte de la mora que recoge la convierte en vino, se esmera en la producción de este licor de fruta, hasta obtener un resultado de gran calidad. Sus procesos de producción desde la recolección del fruto el macerado y la fermentación son de gran dedicación y cuidado hasta obtener el producto final.

No contento con la exigencia que le pone a su proceso de producción se esmera también en la presentación del producto. Las Botellas donde envasa su vino poseen etiquetas bien diseñadas y de buen gusto, que reflejan el esmero que él y su familia ponen en este producto. Don Paulino conoce muy bien la mora, no solo su cultivo, sino sus propiedades, de las cuales resalta que su interés nutricional proviene de un alto contenido de fibra, que son ricas en vitaminas C y que esta vitamina tiene una acción antioxidante y participa en la producción de colágeno. La vitamina C de la mora es mayor que en otros cítricos.

Nos comenta también que su secreto es ponerle mucho amor a lo que hace, esto le ha permitido junto con su familia surtir mercados no solo del Páramo sino de San Gil, Socorro, Mogotes y otros pueblos de la provincia guanentina. Así que don Paulino es solo un ejemplo de trabajo, emprendimiento, gran nobleza, amable trato,  que poseen todos los campesinos y campesinas del Páramo. Guardan y protegen su identidad cultural y a la vez se proyectan inteligentemente  al futuro.






Matilde Naranjo Archila mantiene viva la tradición de los sombreros    

Las manos de esta experta tejedora de sombreros, se desplazan seguras entre las fibras de la Iraca o Macuma. Mientras explica las características de su noble arte,  trenza las fibras como como tejiendo pensamientos o caminos que pueden llevar hacia un conocimiento de si mismo. Cuenta sobre la importancia cultural de estos tejidos especialmente sobre el valor tradicional ya que el sombrero ha acompañado desde tiempos antiguos a los seres humanos que no solo lo protegen del sol sino que dan a las personas un estilo propio, como parte del vestuario de indígenas, campesinos y gente de ciudad es útil, es adorno y reafirma la identidad cultural.

El proceso es cuidadoso solo unas manos entrenadas pueden hacerlo pero doña Matilde comenta que todos pueden aprenderlo y que ella, con gusto les enseña, ya que está interesada en que este arte no se pierda. Tejer estos sombreros es como conectarse con el tiempo, un tiempo pasado y un tiempo futuro. El tejido es para esta experta artesana como un símbolo de la vida, una vez se empieza hay que estar atentos pues cada nudo debe estar acompasado de una fibra patrón si este se pierde, es necesario empezar de nuevo. El movimiento de las manos es acompasado, es como cuando uno está hablando, es necesario estar atentos a lo que se dice.

La señora Matilde Naranjo también fabrica un producto que en la región se conoce como la mochila Guane que puede ser hecha con fique o con algodón y conserva los patrones de tejido Guane, antiguos habitantes de estas tierras.



Grupo juvenil Tormenta Carranguera un excelente trabajo musical que reafirma la cultura del Páramo Santander.


Bibliografía
“La Provincia de Guanentá, Origenes de sus Poblamientos Urbanos”
Amado Antonio Guerrero Rincón
Armando Martínez Gárnica
Publicaciones UIS, Bucaramanga 1996

Consulta y Organización Cronológica de los datos
Ana Isabel Urrea Zafra
Investigadora de temas históricos
Curití, 10 de Octubre de 2018

No hay comentarios:

Publicar un comentario